domingo, 30 de junio de 2013

El judío errante?

Era una noche muy oscura cerca de las doce cuando veo en una calle desierta a lo lejos un bulto negro que iba tomando forma conforme me acercaba con las luces del auto; era un hombre barbudo, alto, envuelto en un sobretodo negro y con unas gafas de montura negra con un solo lente negro, que levantó el brazo en señal de pare. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, pero en vez de acelerar, frené, como si mi curiosidad fuese más fuerte que el miedo. El hombre subió al auto sin decir nada y yo sorprendido tratándome de darme valor pregunté a dónde iba. Siga de frente, me dijo en un tono gutural. Cuando la calle unas cuantas cuadras después se acabó en una intersección, detuve el auto y sacando más valor le dije que no seguiría si no me decía su destino final. Por favor siga por la izquierda y luego a la derecha, no se preocupe que le voy a pagar, me dijo por toda respuesta. Convencido por algo sobrenatural, reanudé la marcha, y al ver que la nueva calle no terminaba, me sobrevino un instante de lucidez y paré violentamente el carro y bajé gritándole que saliera inmediatamente del auto, que ya no lo llevaría a ningún lado. Dí la vuelta hasta su puerta y la abrí conminándolo a bajar. Me miró y luego alzó una bolsa negra que llevaba consigo, la puso sobre sus piernas y comenzó a desatar el nudo que tenia ésta, abrió la bolsa y dentro había otra bolsa anudada, la cual desató también y apareció otra más y otra y otra. Yo petrificado, lo miraba cómo desataba una y otra bolsa, hasta que de la última sacó unos billetes, desenvolvió uno y me lo alcanzó estirando la mano. Como un autómata lo recibí examinándolo si era de verdad, mientras el cerraba y anudaba cada una de sus bolsas plásticas negras. Hecho ésto, salió lentamente del vehículo y sin mirarme se alejó con paso largo pero pausado.
No podía creer todo lo sucedido, subí a mi auto y seguí trabajando sin dejar de pensar qué fue todo aquello. Hasta el día de hoy no lo sé.